La Spirulina es un vegetal microscópico que existe desde hace 3.500 millones de años: es uno de los microorganismos que liberan oxígeno durante sus procesos vitales y que cambiaron la atmósfera de la Tierra, haciendo posible la vida tal como la conocemos.
Crece en lagos muy alcalinos, especialmente en algunas regiones de África y América. En México, a la llegada de los españoles, los Aztecas consumían este verde “alimento de los dioses”, reservado a los aristócratas. También se la ha encontrado en Perú y existen varias cepas en el mundo.
En los años ’50 África padecía una gran sequía y las enfermedades se agravaban por la desnutrición; sin embargo los Kanembu del lago Chad gozaban de buena salud y sus mayores vivían muchos años. Un grupo de científicos observó y estudió el caso, descubriendo que la spirulina que consumían diariamente era la responsable de su alto nivel de defensas y su longevidad.
Diez años más tarde, los laboratorios de Alemania, Japón y Estados Unidos ya habían establecido la importancia nutricional de la spirulina y unos años después, las Naciones Unidas la declaraban " alimento de la humanidad".
El Proyecto Melissa, (Macro Ecological Life Support System Alternative) de la Comunidad Europea, logró la producción de spirulina en el espacio ya que es el cultivo capaz de "atrapar" toda la energía del sol y convertirla en alimento para el hombre, a la par que oxigena la cabina eliminando el anhídrido de carbono. Dos empresas francesas, ADF – Alain Ducasse Formation y GEM desarrollaron los ñoquis de spirulina para los astronautas.
Japón lidera la investigación en las aplicaciones de sustancias contenidas en la spirulina y sus metabolitos, que explican los beneficios que percibe el consumidor.
Campo Esmeralda comenzó el cultivo en Argentina en 2003, y lo comercializa como suplemento dietario, ya que es un producto destinado a incrementar la incorporación de nutrientes en la dieta cotidiana.
